Gaston y Amador 2015 mini

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Ya lo conocía desde mis sueños – Felíz Día del Padre

A mi hijo le conocí la carita en sueños, mientras mi compañera realizaba el trabajo de parto. Vi sus rasgos como si estuviera frente mío… y me desperté. Un rato antes, me había sentado en el sillón a descansar porque necesitaba reponer fuerzas. Ya habíamos pasado por todos los estados de ánimo: temor, desesperación, alegría, ansiedad, confianza absoluta, armonía sublime. Nosotros queríamos un parto natural que respetara los tiempos de mi compañera y de mi hijo. Ellos dos estaban componiendo esa música y yo intentaba seguir su ritmo. Durante el día, había acompañado a Vale activamente con masajes, palabras, dándole agua con miel, o simplemente con silencio.

Desde hacía algunas horas, ella estaba transitando las contracciones con intensidad, y necesitaba estar a solas con las demás mujeres, Doulas y Obstetra. Pero cuando vi la carita de mi bebé entre sueños abrí los ojos serenamente y me encaminé hacia la habitación. Me crucé con una de las Doulas que venía a buscarme. “Tu mujer te necesita para que nazca tu hijo”, me dijo. Yo también quería estar con mi compañera. Supe que todo saldría bien. Me puse detrás de Valeria y la tomé por debajo de las axilas, para que ella pujara en cuclillas con toda su alma, con toda la intensidad que hacía falta. Los sentimientos se mezclaban todos. En ese cuarto sagrado todos estábamos pariendo, todos renacíamos. Luz tenue y cálida, canciones, gemidos telúricos, palabras de aliento, horas que pasan sin hacerse notar, la incertidumbre que nos estruja el corazón… y no hay tiempo ni siquiera para tener miedo. Ella puja, yo la sostengo, y mi bebé dentro del canal de parto presiona suave, intenso, con una vitalidad que es la que hoy muestra en su carácter. La obstetra nos hace tocar su cabecita asomándose y no lo podemos creer. Nos inunda la certeza de que queremos plantar a nuestro hijo en esta vida y Vale se entrega a esa fuerza arrolladora que la invade. Mi hijo nace, y lo secan con una mantita de algodón roja, y llora por primera vez. “Bienvenido Amador, bienvenido hijito”, fueron las primeras palabras que oyó. Amador se llama, porque queremos que ame esta existencia. Amador nació de una diosa y un hombre, que en ese instante se sintió más completo que nunca. Nació como un héroe. Algún día le contaré lo valiente que fue y será su historia preferida, su primera aventura en esta vida.

Gaston y Amador 2015

Gastón Papá de Amador.

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