Contra el sello de “mala madre”

Contra el sello de “mala madre”

Lactancia materna más allá de los dos años: deseos, mandatos y posibilidades reales

Mal llamada lactancia materna “prolongada” o “extendida”, los especialistas coinciden en que dar la teta no tiene fecha de vencimiento, más allá de lo que decidan mamá y bebé. La influencia de la mirada de los otros y las dificultades para llevarla adelante.

 

Hemos hablado de por qué la leche materna es el mejor alimento para los bebés, cuánto contribuye al vínculo y cuáles son los beneficios también para las mamás. La semana de la lactancia materna, que termina el 7 de agosto, es el momento que marca el calendario para celebrar este acto íntimo de alimentación, amor y contención, que no siempre puede ser privado y que muchas personas que son de palo porque están afuera de la "díada mamá-bebé" participante se sienten habilitadas para opinar. "Pero ya camina", "tiene dientes", "te arranca la ropa", "habla y dice teta", pueden decir esos que observan. Amamantar no es fácil, pero la complican más aquellos que opinan alrededor de las decisiones que puede tomar una madre con su cría. Porque no solo debe lidiar con las dificultades propias de la situación, sino atajar comentarios ajenos y manejar la culpa que generan tantos mandatos que -para un lado o para el otro- dicen cómo se es la "mejor" madre: la más apegada, la más feminista, la más laburante, la más relajada, y la lista sigue. De un lado o del otro, siempre habrá algo que falta, que queda a mitad de camino. En ese marco, aquellas que deciden y -sobre todo- pueden amamantar por uno o dos años -como lo sugiere la Organización Mundial de la Salud (lactancia materna exclusiva durante seis meses, introducción de alimentos apropiados para la edad y seguros a partir de entonces, y mantenimiento de la lactancia materna hasta los dos años o más)- se encuentran con pudores y prejuicios.

 

La lactancia materna en niños mayores de uno o dos años es mal llamada lactancia materna "prolongada" o "extendida", ya que estos términos sugieren que es algo que dura más tiempo de lo "normal" o establecido. Pero amamantar no tiene fecha de vencimiento establecida, más allá de la que decidan la mamá y el bebé. "El vencimiento es cultural y social, no biológico", asegura a Clarín Entremujeres Gustavo Sager, creador del primer banco de leche de la Argentina y actual presidente de la Subcomisión de Lactancia de la Sociedad Argentina de Pediatría. "El hombre primitivo amamantaba hasta los cuatro a siete años, hasta que su sistema inmune estuviese completo y, mientras llegaba ese momento, recibía inmunidad prestada por su madre a través de los glóbulos blancos vivos que ésta le transfería con la leche".

 

"¿A qué se hace referencia cuando se habla de lactancia prolongada? Podría decirse que al amamantamiento fuera de las normas culturales, o más allá del tiempo donde la mayoría de las madres dentro de la sociedad a la que pertenecen ya han destetado", dice la psicóloga Mónica Tesone, coordinadora de Enlaces Profesionales de La Liga Internacional de la Leche (LLLI).

 

La mirada de los otros

"Existe mucha envidia al goce de la mujer que amamanta, a la cara de felicidad que expresa cuando lo hace, a la satisfacción de estar constituyendo el cuerpo y el alma de su hijo con lo mejor. La sociedad ve mal que un niño sea amamantado más de un año y no ve así que un niño de cinco años tome mamaderas con leche de vaca o de fórmula marca X número 5. Es una mirada conveniente para que las industrias vendan sus mercancías", opina Sager.

 

Hace unas semanas se conoció que una azafata le pidió a una madre que se cubriera mientras amamantaba a su hija de un año en pleno vuelo. ¿Qué produce en los otros, testigos ocasionales de un hecho íntimo que no siempre puede darse en la intimidad del hogar, compartir espacio con estas madres y sus hijos lactantes? "Dar el pecho más de dos años despierta los más bajos instintos de algunas personas, y produce reacciones antisociales e inadaptadas. Son muchos, por ejemplo, los que se inmiscuyen en la relación madre-hijo; los que critican sin base científica a las madres y a sus hijos, y los que les hacen comentarios hirientes", dice Tesone.

 

Caro Horvath, doula y coautora del blog y cuenta de Instagram Mamá Sabe Bien; está casada con Violeta y juntas son mamás de Ela, a quien le dio la teta hasta los tres años y ocho meses. Para ella, el comienzo fue lo más difícil de transitar: "Siempre supe que quería dar la teta, pero nunca pensé cuanto tiempo".

 

"Pensar en dar teta y que mi hija alternara con un bife me resultaba una locura, pero después fue todo tan natural, y la teta era tan reguladora y necesaria para ella, que nunca lo dudé", dice Caro Horvath.

 

En relación a los prejuicios, cuenta que se encontró con "los típicos comentarios de '¿hasta cuándo pensás darle la teta? Mi primera respuesta siempre fue '¡hasta que se case!' Hablando en serio, decía que lo haríamos hasta que ambas quisiéramos. Por suerte nunca me enganché e hice siempre oídos sordos a tantas opiniones ajenas", dice Caro, que asegura que "fue todo muy fluido. En un momento las noches se hicieron muy cansadoras, pero logramos ir sacado las tomas nocturnas para poder dormir todas mejor, y ahí todo se encaminó. El destete fue gradual y paulatino, regulado por ella".

 

Construcción social

"La supervivencia de la raza humana dependió de la satisfacción obtenida mediante dos actos reproductivos voluntarios: el coito y el amamantamiento. Ambos tuvieron que ser suficientemente placenteros como para asegurar la habitualidad de su ocurrencia", asegura Tesone, también integrante de la Subcomisión de Lactancia Materna de la Sociedad Argentina de Pediatría. Es decir, que lo que las mamíferas no piensan en los beneficios que esto genera en sus bebés, sino que es placentera: "Dar de mamar suele ser una experiencia relajante y sensual. Durante el amamantamiento los niveles de oxitocina (la llamada hormona del amor) liberada por la madre son tan altos como durante el orgasmo. La lactancia materna induce conductas maternales; si sumamos el nacimiento, el contacto piel a piel y la succión, esto aumenta el nivel de oxitocina en el cerebro materno, produciendo gran amor por el bebé, relajación, somnolencia, leve euforia y un efecto antiestrés que, incluso, aumenta el umbral del dolor".

 

"El mayor inconveniente se relaciona con la pérdida de la cultura del amamantamiento, que puede afectar a la autoestima de aquellas madres que siguen amamantando a sus hijos. La desaprobación social es la desventaja más significativa de su experiencia de amamantamiento. Se incrementa el porcentaje de mujeres que sufren estigma social a medida que la edad del niño aumenta", dice Tesone, que además refiere que los comentarios negativos producen lo que se llama "closet nursing", es decir, amamantar privadamente en casa y en secreto. ¿Cómo librarse de la incomodidad de la mirada ajena? "Haciendo cada vez más visible la lactancia en niños mayores".

 

"Yo siempre le di la teta donde ella lo pidiera; de a poco empecé a sentir incomodidad, la gente nos miraba raro, o a veces hasta le decían a ella burlonamente que ya no era una bebé. Esto, por supuesto, que nos generaba mucha angustia a los tres; entonces, decidimos empezar a explicarle a nuestra hija que había algunas personas que no comprendían que ella tomara la teta y que creían que podían opinar sobre eso, que para nosotros lo importante era lo que sentíamos nosotros tres y, de ahora en adelante, la teta era un asunto de nuestra intimidad como familia. Así, con mucho amor, fuimos encontrando el espacio y el modo para sostener nuestra lactancia", cuenta a Entremujeres Clarín la bailarina y vestuarista Laura Torrecilla. Junto a Facundo Mercado -coreógrafo y docente- son papás de Huayra, quien nació en su casa hace seis años. "La teta fue parte activa y cotidiana hasta el verano pasado", narra.

 

Beneficios subvalorados

"No se vuelve agua, no se pone mala, no se pudre. Todo lo contrario, por ejemplo, se sabe que la leche humana ayuda al desarrollo óptimo del sistema inmunológico, y éste alcanza su desarrollo en torno a los seis años de vida", asegura Valeria Weill, puericultora y consultora en crianza, docente de la Asociación Civil Argentina de Puericultura (ACADP).

 

Luisina Troncoso es puericultora y doula, creó el blog y cuenta de Instagram Mamá Sabe Bien y es mamá de Rafaela, a quien le dio la teta hasta los cinco años. Cuenta en su libro, Los primeros 1.000 días de tu hijo (Planeta), lanzado recientemente: "Mi hija está a punto de cumplir 5 años, y pareciera que este momento fue elegido a propósito, ya que vamos cerrando muchas etapas para comenzar una nueva; los tiempos se dieron así naturalmente, al igual que todos los procesos fisiológicos que fuimos atravesando juntas. Hace unos días, nos dimos cuenta de que se le estaba moviendo un diente y de que en cualquier momento se le iba a caer. Su dentadura está comenzando a cambiar. En ese momento, recordé una frase de una de mis maestras, Melina Bronfman, que dice: 'Los dientes de leche no se llaman así porque están compuestos por nanopartículas de leche, se llaman así porque están presentes en la etapa de la lactancia fisiológica, la cual debería durar entre 3 y 7 años".

 

En este sentido, Weill agrega: "La antropóloga Katherine Dettwlyer estudia la edad natural del destete y compara el mamífero humano con otros mamíferos no humanos. Ella plantea que la edad para un destete natural sería entre los dos años y medio y los siete, basándose en cuando se retira de nuestro cuerpo una enzima que permite digerir la leche materna, en función de la erupción dental definitiva, cuando triplicamos el peso de nacimiento y otros parámetros".

 

Y agrega: "A mí me resulta sorprenderte que a alguien le llame la atención una madre que amamanta a su hijo o hija de dos años, mientras que se naturaliza dar la mamadera con bebidas azucaradas. ¿Esto no da pudor?".

 

"La leche materna durante el primer año de vida es la principal fuente de nutrientes e inmunización para el bebé, siendo el único alimento que los bebés deberían recibir durante los primeros seis meses, momento a partir del cual se comienza a incorporar otros alimentos que no reemplazan la leche materna", recuerda Julia Anciola, Oficial de Salud de UNICEF. A partir de ese momento, "incorporan alimentos semisólidos (alimentación complementaria), conociendo así texturas, colores y sabores en muy poca cantidad, es un tiempo de aprendizaje, por lo cual necesitan seguir con lactancia materna. La leche humana es un fluido vivo, que protege activamente contra las infecciones y provee de componentes que no están en las comidas, por ejemplo, con la presencia de inmunoglobulinas maternas que continúan protegiendo al bebé más allá de los seis meses de lactancia materna exclusiva", completa Natalia Racioppo, médica neonatóloga del Hospital Italiano.

 

En este sentido, Tesone hace hincapié en que la leche materna se adapta a la edad del niño que la toma: "Algunos factores en la leche humana aumentan en concentración a medida que avanza la edad del bebé. La concentración de células inmunológicas en la leche aumenta en el segundo año de vida. Independientemente de la edad que tenga el bebé, cuando él se prende al pecho de la madre, le comunica qué gérmenes tiene en su saliva y, a las dos horas, la leche materna provee de los anticuerpos específicos que fabricó la madre en ese tiempo para su bebé".

 

Se sabe, dar la teta no es fácil. Y Luisina destaca que la lactancia a término no es a demanda para siempre: "Algo que las familias encuentran muy revelador, es la idea de que la lactancia no es un 'todo o nada'. Cada díada vive su propia expresión, entre lo deseado y lo posible. Cada gota cuenta. Entonces, es válido proponer un cambio de libre demanda a una regulación de las tomas. Porque entre destetar definitivamente por llegar a punto de ebullición, y sabiamente reconocer nuestros límites, necesidades, y preservar este vínculo tan único por más tiempo, es claro que la segunda opción es preferible. Es importante comprender y empatizar con nuestros niños, ver qué nos están pidiendo. Mirada, contacto, palabras, momentos".

 

Dificultades

Dar la teta es una elección, no una obligación. Pero está rodeada de un enorme conjunto de factores que influyen sobre ella, y colaboran o atentan contra su mantenimiento. Los espacios adecuados en lugares de trabajo, el cuidado compartido al interior del hogar y la información certera brindada por profesionales que acompañen a las madres son cruciales a la hora de las tomas de decisión, durante los primeros meses de vida del bebé, y los siguientes. "Si este apoyo no está previsto, son los otros -familia, jefes, profesionales médicos- los que serían los culpables de no cumplir con sus responsabilidades. Ninguna madre puede cumplir con esta decisión si el resto de la sociedad no cumple con sus responsabilidades con la madre. Los 'culpables' serían los responsables de las políticas, de la atención de la salud y la sociedad en general. Ella perdió algo básico para su propio bienestar", asegura Tesone.

 

A pesar del decreto 22/2015, que reglamenta la ley 26.873 de promoción y concientización pública sobre la lactancia materna que promueve los "Espacios Amigos de la Lactancia" en los lugares de trabajo, nueve de cada diez empresas no cuenta con un espacio amigo de la lactancia o lactario para que sus empleadas puedan amamantar o extraerse leche en su trabajo, según los resultados de la segunda edición del estudio "Sector privado y los derechos de niñas, niños y adolescentes en la Argentina" de UNICEF. "No se trata sólo de instalar los espacios de lactancia materna (lactarios) para cumplir con la legislación vigente, sino de generar un contexto favorable para que las mujeres puedan ejercer su derecho de trabajar y amamantar contando con el apoyo y la valoración de esta tarea, que contribuye activamente al bienestar de toda la sociedad", dice Anciola, de UNICEF.

 

"Según los datos de la última Encuesta Nacional de Lactancia Materna (2017), el porcentaje de lactancia materna exclusiva desciende a medida que aumenta la edad de los niños, siendo del 58% a los dos meses y del 42% a los 6 y que se evidenció que el motivo más frecuente de abandono en menores de 6 meses era porque sus madres percibían que 'se quedaban sin leche'. Dado que la gran mayoría de las mujeres pueden amamantar, es de suponer que el hecho de 'quedarse sin leche' puede estar relacionado a falta de información sobre signos de hambre y saciedad del niño, malas técnicas de lactancia o falta de apoyo del equipo de salud en momentos clave durante los primeros meses de vida del niño", dice Anciola.

 

De la crianza con apego al manejo de la culpa

Que la lactancia sea "a demanda" y "extendida" se desprende, en el contexto actual, de la llamada crianza con apego, que postula un máximo nivel de contacto con el bebé, no solo durante los primeros meses. Contempla, además, dormir con los hijos (colecho), y llevarlos encima (porteo) y no en el cochecito. Es una "maternidad intensiva" que promete buenos resultados en cuanto a salud y desarrollo de los bebés.

 

Desde una mirada feminista, se critica la rigidez con la que se expresa en ciertos casos este mensaje, que ubica (¿reubica?) a las mujeres dentro del hogar, apegada a los hijos, y les dice que si no están atentas a las necesidades de ellos 24x7, son malas madres, aunque con otras palabras y argumentos de vida saludable y bienestar psicológico infantil.

 

Pero lo cierto es que dar la teta es una elección. Así como cada madre y padre elige el tipo de crianza que quiere darles a sus hijos, lo cierto es que todos hacen, sobre todo, lo que pueden, lo que está a su alcance. ¿Qué sucede si no con aquellas madres que trabajan? ¿Y las que lo hacen por muchas horas? Ya lo contó Clarín: muchas mujeres no logran cumplir con el "mandato" de dar el pecho fluidamente a sus bebés y viven la lactancia como una pesadilla. Esta presión por un acercamiento a lo "natural" se evidencia también cuando la cesárea decepciona a punto tal de sentirse incapaz, como si no hubiera logrado el objetivo, dejando en segundo lugar el nacimiento en sí. Manejar la culpa y soltar el dedo acusador (propio y ajeno) que señala a las supuestamente mejores "madres" será una tarea ardua, pero necesaria.

 

"No queremos que las madres que dan el biberón se sientan culpables. Muchas mujeres no sentimos culpables incluso cuando sabemos que las circunstancias están fuera de nuestro control. La madre que elige no amamantar, o que no lo hace por tanto tiempo como había planeado, está haciendo lo mejor que puede con los recursos a su alcance", dice Mónica Tesone.

 

"El prejuicio y comentarios de los de afuera suele ser muy angustiante para los niños", reflexiona Laura. "Parte de nuestra familia aún no comprende ni aprueba nuestra búsqueda de crianza; a nosotros nos alcanza con recordar que cada vez que a Huay le preguntábamos por qué seguía tomando la teta, ella contestaba '¡porque la teta me da amor!'"

 

Fuente: www.clarin.com 

Etiquetas: parto, lactancia materna, lactancia prolongada, leche materna, maternidad, crianza, madre, hijo, hija, maternidad intensiva

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