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La maternidad da que hablar…

«Habrá que ir descubriendo qué voces oír y cuáles no, a la vez que ir animándose a decepcionar a aquellos que hubieran esperado algo diferente del particular y propio modo que cada una tiene de ser madre.»

Una mujer tiene a su primer bebé y, poco tiempo después, se cruza con su amiga, o vecina, o su propia madre, o ella misma en el espejo, y la conversación va así…

¿Tuviste un hijo? ¡Qué lindo, te felicito!”. Y seguido a eso, viene una de las tantas preguntas, por ejemplo… “¿Pensás volver a trabajar? Porque te digo, a los hijos no se los tiene para que los críe otro…” o, lado B, “porque vas a querer salir de tu casa, tener tu independencia, tus propios proyectos… los hijos crecen en algún momento, ¿sabes?”.

Y ahí está la mujer, no sabiendo para dónde arrancar. En debate con las otras pero en debate con ella misma. “¿Qué quiero? Si me voy a trabajar, descuido a mis hijos, si me quedo en casa me descuido a mí…”.

Pero el tiempo va pasando y estos dilemas van tomando otras formas. Así, el chico que tiene un año y todavía ni cerca está de caminar, despierta toda una serie de comentarios del tipo “¿Ya consultaste a un traumatólogo? Porque quizás tiene algo en las piernitas…” o “No te preocupes, es chico todavía, ya va a caminar”. Lo mismo ocurre con el habla, los pañales, el sueño, la comida, la llegada del hermanito, el inicio del jardín, y así sucesivamente…

Pareciera que si el chico sigue los “estándares de normalidad”, nada hay que preguntarse acerca de su proceso de crecimiento y desarrollo ni de la madre que lo cría. Lo cierto es que, inevitablemente, éste genera preguntas e incertidumbres pues, siempre habrá algún aspecto del desarrollo que se vea más comprometido.

La maternidad está repleta de preguntas que parecen dejar a la mujer/madre en medio de dos o más opciones contrapuestas y que parecen inconciliables. Obviamente, esto no se limita sólo a la maternidad, pero resulta ser que, en estos temas, por lo valioso de lo que está en juego (los hijos), todo se vive con mayor intensidad.

En este sentido, y al igual que ocurre con todo en la vida, el trabajo será ir habilitándose para confiar en el propio criterio a medida que se lo va construyendo, sabiendo que es parte del aprendizaje ir redireccionando siempre que sea necesario. Para ello, habrá que ir descubriendo qué voces oír y cuáles no, a la vez que ir animándose a decepcionar a aquellos que hubieran esperado algo diferente del particular y propio modo que cada una tiene de ser madre

Lic. Luz Zaefferer

Fuente: nacerpadres.es

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