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El medioambiente en la Unidad de Cuidados Intensivos Neonatales (UCIN)

El medioambiente en la Unidad de Cuidados Intensivos Neonatales (UCIN)

Lic. Fga. Romina L. López
© Ministerio de Salud y Desarrollo Social de la República Argentina / Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF). 

Las tecnologías avanzadas y la asistencia de los recién nacidos prematuros en las Unidades de Cuidado Intensivo Neonatal salvan, hoy en día, muchas vidas. Sin embargo, crean también situaciones desfavorables para el desarrollo neurológico y afectivo de estos niños, dadas la exposición a diversos estímulos durante internaciones prolongadas y la precoz separación de su grupo familiar. Por tal motivo, es necesario implementar programas de intervención temprana que estimulen y protejan al RN y su familia.

Pocos ambientes son tan diferentes entre sí como el intrauterino y el que se ofrece en la UCIN. El medio intrauterino es líquido, caliente, oscuro, se caracteriza por los movimientos rítmicos y los sonidos monótonos y amortiguados, y proporciona el sostén para favorecer un neurodesarrollo adecuado. El ambiente de la UCIN, en cambio, es habitualmente ruidoso y muy luminoso.

El RN está sobre una superficie dura. A menudo se practican sobre él intervenciones molestas o dolorosas, todo lo cual interrumpe a menudo su sueño o su descanso. Todas estas experiencias estresantes pueden dejar huella en su proceso de desarrollo y tener consecuencias a mediano y largo plazo. En efecto, en el desarrollo infantil de los niños muy prematuros son frecuentes las alteraciones del comportamiento, del aprendizaje, emocionales y las dificultades sociales. 

Si el medioambiente no se aborda de manera adecuada, los prematuros presentan las siguientes manifestaciones clínicas: incremento del ritmo cardíaco, cambios de la frecuencia respiratoria, disminución en la saturación de oxígeno, aumento de presión arterial, aumento de la actividad motora (expresión contraída, con músculos faciales tensos y frente arrugada), mayor gasto calórico e irritabilidad (refunfuño intermitente, o llanto alto y vigoroso). 

Por todo ello, resulta de vital importancia intervenir oportunamente y que quienes están a cargo del cuidado en los servicios de Neonatología (la familia y el equipo de salud) tomen medidas y extiendan estas medidas durante la transición al alta y hacia el hogar, teniendo en cuenta los siguientes indicadores:

Ruido: cerrar las puertas y ventanas de la incubadora en forma delicada, apretando los pestillos para no hacer ruido. No apoyar objetos ni golpear con los dedos sobre la incubadora. Cambiar el tono de voz e instalar señales de advertencia cerca de la unidad para recordar al personal que sea cuidadoso. Vaciar el agua de los nebulizadores, de los circuitos de respiradores y retirar las tubuladuras de aspiración de adentro de la incubadora. Cubrir la incubadora con manta gruesa o dispositivo adecuado para aislar de los ruidos. Bajar el volumen de las alarmas de los equipamientos. Reparar equipos ruidosos que no funcionen correctamente. Disminuir el sonido de teléfonos e impresoras, y retirar radios.

Luminosidad: es importante poder graduar la intensidad de la luz. Si la UCIN posee luz natural, utilizarla. La incubadora debe estar cubierta con protectores de tela que no permitan el paso de la luz. No obstante, cuando los prematuros ya comienzan a tener ciclos de alerta, es importante permitirles la interacción, sobre todo con su familia.

Dolor: si no es posible la lactancia materna en los prematuros para disminuir la sensación de dolor, se puede utilizar la succión no nutritiva, que se puede estimular por medio del chupete.

Postura: el prematuro en la incubadora no encuentra límites físicos, esto le causa inseguridad. La intervención adecuada será el empleo de rollos (hechos con toallas o mantas) para intentar simular las paredes uterinas dando así el confort y seguridad al niño, además de ser útiles para mantener las posturas en flexión, o las posturas necesarias para disminuir el estrés expresado por cada niño.

Interrupción de sueño y mínima manipulación: agrupar las intervenciones a realizar. Se recomienda una anticipación verbal antes de cualquier intervención; esto incluye no despertarlo bruscamente, facilitando la transición gradual del sueño a la vigilia.

Para proporcionar todos estos cuidados es imprescindible involucrar a los padres, ya que el futuro del niño va a depender en gran medida de la relación que establezca con ellos.

Una vez estabilizado y con el correr de los días, debe comenzar a recibir estímulos gratificantes. Es fundamental que éstos, al igual que ocurre con los estímulos de consuelo después de las técnicas agresivas, sean brindados por los padres, favoreciendo la vinculación temprana.

El método por excelencia para lograr dicha vinculación es el contacto piel a piel (CoPaP), que permite la estabilidad fisiológica, el desarrollo madurativo y el crecimiento socio-emocional del RN, brindando mayor confianza a los padres en el cuidado de sus hijos y fortaleciendo así el vínculo madre /padre /hijo.

Prealta, alta y seguimiento

En estas etapas resulta fundamental:

• Sostener y fomentar el rol de la familia como cuidador primario. 

• Coordinar el contacto con el enfermero o enfermera de seguimiento y confirmar la fecha de la primera consulta.

• Continuar con la exterogestación (gestación afuera del útero). Se proporciona a través del CoPaP y la lactancia materna. Logra satisfacer las necesidades básicas del recién nacido en términos de calor, protección y confort, emulando sus percepciones dentro del vientre materno. Mientras se va adaptando a la vida extrauterina, ambas prácticas lo protegen de futuras infecciones.

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